"Ventana abierta"

El recuerdo de la madre siempre es tranquilizador, pero cuando esta Madre es María, la paz inunda nuestra alma, la sonrisa aflora a nuestros labios, la alegría penetra a nuestra vida. Piensa, pues, con frecuencia en María, tenla presente en todos los momentos de tu vida, invócala sobre todo en los tramos más difíciles y comprometidos.
SI VAS CON ELLA, NO PERDERÁS EL RUMBO

ÁNGELUS
LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA
Por el Rosario
elevamos al cielo la más auténtica voz de los hijos de María, que pretende
coronar la frente de su Madre con cincuenta rosas nacidas en el campo bíblico
de la historia de la salvación.
Nuestra devoción a la
virgen Santísima será bueno que se manifieste a través del rezo del santo
Rosario; sea éste el obsequio que diariamente ofrecemos a la Madre de Dios y si
ese rezo del Rosario se realiza en familia, será la mejor forma de merecer para
todos los integrantes del hogar las bendiciones, las gracias y protección de la
Santísima Virgen, quien no podrá desoír esa oración.
¿Quién no querrá para
los suyos las bendiciones del cielo?
Quede esta sugerencia
en la conciencia de cada uno.
NUESTRA SEÑORA
CONSUELO DE LOS ANCIANOS, PARA QUE NO SE SIENTAN SOLOS, ACOMPÁÑALOS CON TU
MATERNAL PROTECCIÓN.
Padre Nuestro. . .
Ave María. . .
Gloria. . .
♡Nuestra Señora del Rosario♡
Su fiesta fue
instituida por el Papa san Pío V el 7 de Octubre, aniversario de la victoria
obtenida por los cristianos en la Batalla naval de Lepanto (1571), atribuida a
la Madre de Dios, invocada por la oración del rosario. La celebración de este
día es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía
de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la
encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios.
Desde el principio de
la Iglesia, los cristianos rezan los salmos como lo hacen los judíos. Más
tarde, en muchos de los monasterios se rezan los 150 salmos cada día. Los
laicos devotos no podían rezar tanto pero querían según sus posibilidades
imitar a los monjes. Ya en el siglo IX había en Irlanda la costumbre de hacer
nudos en un cordel para contar, en vez de los salmos, las Ave Marías. Los
misioneros de Irlanda más tarde propagaron la costumbre en Europa y hubieron
varios desarrollos con el tiempo.
Fuente: Archidiócesis
de Madrid
Nuestra Señora del Rosario
Martirologio Romano: Memoria de la santísima Virgen María del
Rosario. En este día se pide la ayuda de la santa Madre de Dios por medio del
Rosario o corona mariana, meditando los misterios de Cristo bajo la guía de
aquélla que estuvo especialmente unida a la encarnación, pasión y resurrección
del Hijo de Dios.
Cuenta la leyenda que
la Virgen se apareció en 1208 a Santo Domingo de Guzmán en una capilla del
monasterio de Prouilhe (Francia) con un rosario en las manos, le enseñó a
rezarlo y le dijo que lo predicara entre los hombres; además, le ofreció
diferentes promesas referentes al rosario. El santo se lo enseñó a los soldados
liderados por su amigo Simón IV de Montfort antes de la Batalla de Muret, cuya
victoria se atribuyó a la Virgen. Por ello, Montfort erigió la primera capilla
dedicada a la imagen.
En el siglo XV su
devoción había decaído, por lo que nuevamente la imagen se apareció al beato
Alano de la Rupe, le pidió que la reviviera, que recogiera en un libro todos
los milagros llevados a cabo por el rosario y le recordó las promesas que
siglos atrás dio a Santo Domingo.
El rezo del Santo
Rosario es una de las devociones más firmemente arraigada en el pueblo
cristiano. Popularizó y extendió esta devoción el papa san Pío V en el día
aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la batalla de Lepanto
(1571), victoria atribuida a la Madre de Dios, invocada por la oración del
Rosario. Más hoy la Iglesia no nos invita tanto a rememorar un suceso lejano
cuanto a descubrir la importancia de María dentro del misterio de la salvación
y a saludarla como Madre de Dios, repitiendo sin cesar: Ave María. La
celebración de este día es una invitación a meditar los misterios de Cristo, en
compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la
encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios.
¡Vencedora de las
batallas!
Europa y con ella
toda la cristiandad estaba en grave peligro de extinción. Sabemos, por las
promesas de Jesucristo, que eso no puede ocurrir pero, humanamente, no había
solución para la amenaza del Islam. Los Musulmanes se proponían hacer
desaparecer, a punta de espada, el cristianismo. Ya habían tomado Tierra Santa,
Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y España. En esas extensas
regiones el cristianismo era perseguido, y muchos mártires derramaron su
sangre, muchas diócesis desaparecieron completamente. Después de 700 años de
lucha por la reconquista, España y Portugal pudieron librarse del dominio
musulmán. Esa lucha comenzó a los pies de la Virgen de Covadonga y culminó con
la conquista de Granada, cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel,
pudieron definitivamente expulsar a los moros de la península en el 1492. ¡La
importancia de esta victoria es incalculable ya que en ese mismo año ocurre el
descubrimiento de América y la fe se comienza a propagar en el nuevo
continente!.
En la época del Papa
Pío V (1566 - 1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y
preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa
estaban divididos y parecían no darse cuenta del peligro inminente. El Papa
pidió ayuda pero se le hizo poco caso. El 17 de septiembre de 1569 pidió que se
rezase el Santo Rosario. Por fin en 1571 se estableció una liga para la defensa
de Europa. El 7 de octubre de 1571se encontraron las flotas cristianas y
musulmanas en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. La
flota cristiana, compuesta de soldados de los Estados Papales, de Venecia,
Génova y España y comandada por Don Juan de Austria, entró en batalla contra un
enemigo muy superior en tamaño. Se jugaba el todo por el todo. Antes del
ataque, las tropas cristianas rezaron el santo rosario con devoción. La batalla
de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los cristianos
resultaron victoriosos.
En Roma, el Papa se
hallaba recitando el rosario en tanto se había logrado la decisiva y milagrosa
victoria para los cristianos. El poder de los turcos en el mar se había
disuelto para siempre. El Papa salió de su capilla y, guiado por una
inspiración, anunció con mucha calma que la Santísima Virgen había otorgado la
victoria. Semanas más tarde llegó el mensaje de la victoria de parte de Don
Juan, quién, desde un principio, le atribuyó el triunfo de su flota a la
poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario. Agradecido con Nuestra
Madre, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y
agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de "Auxilio de los
Cristianos". Más adelante, el Papa Gregorio III cambió la fiesta a la
Nuestra Señora del Rosario.
Los turcos seguían
siendo poderosos en tierra y, en el siglo siguiente, invadieron a Europa desde
el Este y, después de tomar enormes territorios, sitiaron a Viena, capital de
Austria. Una vez más, las tropas enemigas eran muy superiores. Si conquistaban
la ciudad toda Europa se hacía muy vulnerable. El emperador puso su esperanza
en Nuestra Señora del Rosario. Hubo gran lucha y derramamiento de sangre y la
ciudad parecía perdida. El alivio llegó el día de la fiesta del Santo Nombre de
María, 12 de septiembre, de 1683, cuando el rey de Polonia, conduciendo un
ejército de rescate, derrotó a los turcos.
El Príncipe Eugenio
de Saboya derrotó en Temesvar (en la Rumania moderna) a un ejército turco dos
veces más grande que el suyo, el 5 de agosto de 1716, que en aquel entonces era
la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves. El Papa Clemente XI atribuyó esta
victoria a la devoción manifestada a Nuestra Señora del Rosario. En acción de
gracias, mandó que la fiesta del Santo Rosario fuera celebrada por la Iglesia
universal.
ORACIÓN A
NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
María, Virgen Santísima del Rosario, sé hoy y
siempre nuestra Madre, no abandones a tus hijos ni a la Iglesia de Dios en esta
hora de la Historia. Sé nuestra mejor aliada frente a las seducciones del
enemigo y danos fortaleza en la batalla final. Cuida de nuestras gentes, de los
que están aquí y de los que viven fuera. María del Rosario, ruega por nosotros ahora
y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Textos tomados del Libro "Los cinco minutos de María" del Padre Alfonso Milagro.
